Las mejores fotos del campamento en Panticosa… ¡ya en la Galería!

Las excursiones, los volantes, los juegos en la campa, las veladas, los talleres, las tiendas… ¡No te pierdas las mejores imágenes de otro inolvidable campamento!

Te doy mi Palabra.

Las excursiones, los volantes, los juegos en la campa, las veladas, los talleres, las tiendas, las piraguas y los caballos, los McChamis con churretones, las oraciones bajo las estrellas… Un verano más hemos compartido un campamento que no olvidaremos: un tiempo para recibir una Palabra que nos da la vida, para hacernos gente de palabra, para sentirnos portadores de palabras de amor y de esperanza para el mundo entero.

Ahora ya puedes recordar los mejores momentos de nuestros días en Panticosa a través de la selección de fotos que hemos colgado en la Galería. Si quieres, también puedes contarnos qué supuso para ti el campamento, cómo lo viviste, cómo te lo pasaste… comentando esta misma noticia. ¡Anímate y danos tu palabra!

E=mc²: ¡Todas las fotos de nuestra inolvidable Experiencia de Misión y Comunidad en Almería!

Una frontera invisible separa el barrio de La Chanca del resto de Almería, dicen algunos. Nosotros no nos lo creímos…

Más allá de las fronteras…

«Una frontera invisible separa el barrio de La Chanca del resto de Almería», contaba Juan Goytisolo. Una frontera acaso no visible y, acaso por eso mismo, más real. La frontera del miedo, del olvido, del silencio, de los ojos cerrados, de la mirada al otro lado, del temor al desconocido.

Esa frontera entre la ciudad y el suburbio ha quedado hoy un poquito más difuminada. Tan solo un poquito… pero no es poca cosa. La escuela de verano en La Calamina para los más pequeños de la barriada; nuestra presencia en el centro de día entre viejos lobos de la mar y mujeres valientes a las que la vida golpeó duro; ese muro del patio, sucio y áspero, que nuestras manos han logrado cubrir de color y de palabras de paz; las visitas a los enfermos; caminar hasta lo alto, donde la vida se hacía en cuevas; las migas y los bailes compartidos; el culto evangélico que nos acogió con profunda hermandad; las partidas de cartas y los duelos en el campo de fútbol al filo del atardecer… Todo ha servido para que La Chanca pudiera abrirnos un huequecito en su corazón, que late apasionado. Y, por supuesto, para que nosotros abriéramos de par en par las puertas del nuestro a las gentes sencillas y silenciadas que ya caminan a nuestro lado, con voz propia y profunda, para el resto de la vida.

En comunidad salimos a la misión. En comunidad compartimos también los frutos de la misma. Misión y comunidad, dos pilares de nuestra vida de fe que Almería nos ha grabado a fuego bien adentro. Para que no olvidemos que estamos llamados a ser la voz de los sin voz, la sal de la tierra que haga de este mundo un lugar en el que quepan todos los mundos.

Ahora ya no sabemos muy bien dónde está la frontera. Ni quién ayudó en realidad a quién. Ni quién tocó en verdad el corazón de quién…